El SIS fue creado el 2002 como un seguro que le daba cobertura a la población en extrema pobreza. Con los años fue ampliando sus afiliados hasta llegar a la cifra actual de 16 millones, una cuarta parte de ellos en Lima. Gracias a esta cobertura, una persona puede ir a un hospital público y atenderse sin pagar los costos.

“El SIS ha funcionado con la lógica del seguro privado: les dice a los hospitales ‘atiendes a los pacientes, me pasas tu rendición de gastos, lo chequeo y te pago’. Y ahí se ha generado el problema: el hospital dice ‘atendí esto’ y el SIS revisa y se vuela cosas. Así se ha ido acumulando la deuda”, explica Alexandro Sacco, coordinador nacional de Foro Salud.

Una queja de los médicos en huelga es que el SIS tuvo en los últimos años un presupuesto que aumentaba año a año, pero ahora ha bajado. El 2015 el SIS entregó 1.700 millones a los hospitales para atender 65 millones de atenciones, el 2016 se dio 1.650 millones de soles para 77,5 millones de atenciones y este 2017 se ha entregado 1.409 millones para atender una cifra que ronda los 90 millones de atenciones hasta fin de año. Es decir, este año habrá más atenciones pero hay menos plata.

El SIS complica a los hospitales porque, además, al significar el 95% de las atenciones que estos prestan, les recorta la posibilidad de generar ingresos propios con los cobros a la población que sí debe pagar por la atención. Sus servicios están saturados con pacientes a los que no les cobran.

Alexandro Sacco señala que el SIS ha sido una buena idea que necesita ser reforzada. “Los escándalos que se denunciaron y el tratamiento que las propias autoridades del sector le dieron al SIS, hace un tiempo, presentándolo como una cueva de ladrones, no le hicieron bien. Creo que todas las denuncias que se hicieron –como personas operadas varias veces de cataratas o tratamientos a hombres embarazados– fueron más errores del sistema que casos reales”, explica. [Extraido del informe “SIS: Radiografía de una deuda”, Suplemento Domingo]

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