Con alma corazón y vida, Perú demostró que está hecho para grandes cosas y derrotó por primera vez a Ecuador en la altura de Quito.

Un mérito enorme lo del técnico Gareca, lo que ha hecho con nuestra alicaída selección, la moral que les ha inyectado a los jugadores es impresionante, la confianza depositada en su momento a Cristian Cueva, Edison Flores, Miguel Trauco, el buen ojo de colocar a Yoshimar Yotún en la volante de primera línea y el recuperar a un Alberto Rodríguez que ya no juagaba por sus lesiones continuas es para aplaudir.

Hoy dejó claro que mientras esté al mando de la selección siempre va respetar a sus jugadores de “confianza” y que su suplente en cada puesto siempre tiene la primera opción para asumir cualquier tipo de lesión o suspensión que se pueda presentar.

Si bien es cierto Perú a pesar del triunfo contra Bolivia, no tuvo una semana muy buena, venía con bajas como la de Leao Butrón, Sergio Peña en el último entrenamiento no culminó las prácticas y se encendían las alarmas en la Videna, de otro lado la lesión de Yotún persistía y así es como afronta el partido en Quito, el técnico de la selección esperó hasta el último momento a Yhosimar Yotún y llegó al partido no recuperado al 100%, pero el corazón pudo más que la lesión.

Con lo que respecta al partido Ecuador venía como favorito por ser local y tener aliado a la altura, al frente venía un Perú con la ganas y el aliento de 30 millones de peruano que esperaban ese triunfo histórico que nunca se había dado, y más que eso la posibilidad de seguir soñando con un boleto a Rusia.

Desde la llegada al hotel de concentración Perú se sintió muy cómodo, el recibimiento de los hinchas a las afueras del hotel, la retribución de la selección en bajar a saludar y estar cerca de los hinchas ya era un clara muestra de la confianza que tenían los jugadores, quizás algo nunca visto, el hecho de que los jugadores bajen a saludar y puedan estar cerca de los fanáticos era un plus adicional para sentirse más reconfortado. El aliento de los casi  3 mil peruanos que se dieron cita al Estadio Olímpico de Atahualpa que dejaron su garganta en cada jugada disputada de nuestra selección, es una cachetada a la indiferencia de algunos.

En principio Perú salió a jugar su partido con el juego a ras del piso, tratando de tener el balón, pero la altura siempre es un factor importante para los equipos que saben aprovechar esa condición climática, Ecuador empezó a crecer con la velocidad Enner y Antonio Valencia, con la potencia arriba de Felipe Caicedo, juego rápido por las bandas tratando de meter y asfixiar a Perú en su campo, pero el trabajo de dosificación de Perú fue el correcto, supo esperar, aprovechar el error y jugar al contragolpe con las corridas de Carrillo y la habilidad de Cueva.

El trámite del partido no cambiaría mucho en el primer tiempo con un Ecuador lanzado a buscar el primer gol y tener la tranquilidad que necesitaban, de esta manera se irían al descanso empatados a cero.

En el segundo tiempo la idea de Perú fue diferente, sabiendo que el empate no le servía entendió que Ecuador con su defensa recia le iba a ser complicado entrar jugando como lo sabe hacer la selección, la figura de Cueva, Carrillo y Yotún empezó a crecer, el sacrificado Paolo aguantando todo el peso de los defensores ecuatorianos hicieron que Perú crezca y mantenga la posición del balón a su favor. Cuando la selección local intentó despertar apareció un jugador que poco había aparecido, pero es uno de los convocados habituales y jugador de plena confianza de Ricardo Gareca, Edison Flores sacó un zurdazo que no logra contener Banguera y estalló el Perú, se estaba consiguiendo lo histórico.

Gareca mandó al campo a otro de sus “tigres”, Hurtado hizo su ingreso y en la primera que tuvo anotó de manera categórica y el Perú era una fiesta, no importaba lugar donde cada uno lo estaba viendo, fue un solo grito, si no anotaba Poolo Guerrero, ahí estaba el otro Paolo que corrió hacía la tribuna donde estaban los hinchas de la bicolor y los celebró con ellos, la alegría era única en todo el país. Rusia se sentía cada vez más cerca, pero los peruanos estamos hechos para sufrir y el gol ecuatoriano llegaría desde los doce pasos, tras una falta cometida dentro del área, Enner Valencia descontaría para los locales, el resto es historia ya conocida, cinco minutos de sufrimiento y a festejar, como nunca, como siempre debimos hacerlo, nuestro espíritu esta curtido en la antítesis, de la felicidad amarga y la sonrisa con llanto. Te amamos Perú.

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