Caretas/Abril 6, 2017 

En 1925, centenario de la Batalla de Ayacucho, durante el verano se registró un incremento anómalo en la temperatura del mar. El gobierno de Augusto B. Leguía tuvo que enfrentar inusuales lluvias e inundaciones en la costa norte y central.

Según investigaciones, en el puerto de Chicama la temperatura subió de 19 a 26 grados y en el Callao se disparó 10 grados por encima de su valor normal, según el ingeniero Arturo Roche Felices. Durante el “Niño Costero” actual la temperatura llegó hasta los 29 grados, cuando debería ser 22 grados.

Las localidades más afectadas en 1925 fueron Villa Eten y Monsefú, en Lambayeque. La Plaza de Armas se inundó, el puente del ferrocarril que conectaba con Monsefú quedó destruido y numerosas viviendas se destruyeron 28 de julio y Mansiche.

“Las últimas crecientes del Rímac han sido causa para que la ciudad sufra trastornos de tal magnitud, que semejantes no se registran desde hace muchos años. Día hubo de la semana que pasó, en que no era posible beber agua porque venía muy sucia”, informó la revista Variedades en su edición el 25 de marzo. Las similitudes con el destre del pasado verano de 2017 saltan a la vista.

Aunque las consecuencias fueron parecidas, Rocha sostiene que las lluvias de 1925 no fueron originadas por el El Niño. El índice de Oscilación Sur, indicador aplicado por la NOAA para estimar si se produce un Niño, debe ser negativo para que aumente la probabilidad que ocurra. En aquella oportunidad fue positivo. Se trató de un fenómeno local como el “Niño Costero” del 2017. Lo que llama la atención es que tras esa alteración climática llegó un Niño que afectó la costa peruana entre julio de 1925 y agosto de 1926.

Molino Mocce – Fenómeno “El Niño” de 1925

¿Podría ocurrir un Niño de proporciones luego de un “Niño Costero” como sucedió hace 92 años? El planeta es un hervidero. Según la NASA, febrero fue el segundo mes más caliente en 137 años. Y según el último reporte de la NOAA divulgado en marzo las posibilidades de que ocurra un Niño en el 2018 aumentarán en la segunda mitad del 2017 entre un 50% y 55%.

Solo la presencia de una gran masa de agua caliente en el Pacífico  el debilitamiento de los vientos alisios podrían desencadenar un fenómeno de El Niño, según el investigador norteamericano Aaron Levine. El problema radica en que es difícil de prever el comportamiento de los vientos con tantos meses de anticipación. Pero no debería ser excusa para dejar de prevenir. La naturaleza no debería superar a la ingeniería.

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