Paco Moreno

Un hombre capaz de jalar el gatillo de un revolver Colt calibre 38, cuyo cañón hundía la piel que cubría su sien derecha, para reventarse la cabeza es capaz de todo. Es capaz de llegar a la presidencia de un país a los 35 años y empujar a su patria a una de las peores crisis de su historia en apenas cinco años y después de 21 años volver a ser presidente otra vez.

Es capaz de resucitar un partido político de masas para llegar a ser presidente y al mismo tiempo, con sus acciones, sepultarlo en descrédito y quizá, con su suicidio, resucitarlo de nuevo.

Alan García es un político de armas tomar. Es de los que imponen la agenda, es de los que con sus acciones le puede quitar protagonismo mediático al mismo Jesucristo.

Un hombre así es capaz de haber ordenado el asesinato de cientos de senderistas amotinados recluidos en un penal de una isla y de liberar de un plumazo a otros cientos de peligros narcotraficantes condenados; es capaz de someter prebendas a jueces y fiscales para asegurar la impunidad de graves imputaciones que Fernando Olivera los enumeró en su cara y delante de millones de televidentes en el debate de las elecciones del 2016; es capaz de presuntamente haber organizado una red criminal para recibir coimas millonarias de la Caja 2 de Odebrecht a cambio de obras como el tren eléctrico.

«Es capaz de resucitar un partido político de masas para llegar a ser presidente y al mismo tiempo, con sus acciones, sepultarlo en descrédito y quizá, con su suicidio, resucitarlo de nuevo».

Alan García jala el gatillo porque la revelación de los cuatro millones de dólares de la Caja 2 de Odebrecht que recibió su uña y mugre Luis Nava aceleraron las investigaciones en su contra que había derivado ya en la detención preliminar de los integrantes de una organización criminal que presuntamente él dirigía.

Los integrantes de esta organización, según la Fiscalía, serían: Alan García como líder absoluto; debajo de él Enrique Cornejo, Luis Nava y Miguel Atala; después de estos, José Antonio Nava Mendiola, Samir Atala Nemi, Jorge Luis Menacho, Jorge Cuba Hidalgo, Oswaldo Plasencia y Raúl Torres; más abajo: Magdalena Hinostroza, Santiago Chu, Mariella Huertas, Edwin Luyo y Jesús Munive

Alan García nunca ha enfrentado un juicio y con su suicidio ha logrado que todas investigaciones en su contra se detengan. No podrá ser procesado ni juzgado ni condenado. Sin embargo, las investigaciones continuarán. Jorge Barata responderá el martes 23 abril las preguntas de José Domingo Pérez Gómez y el caso Lava Jato en el Perú se aclarará aún más.

El trabajo de la justicia no empuja a los investigados al suicidio. Hay malos apristas y fujimoristas que buscan sanciones para José Domingo Pérez Gómez y su equipo. El país debe respaldar a los fiscales. En el Ministerio Público, en medio de tanta impunidad, por fin, hay quienes están haciendo su trabajo.

Al referirse a Domingo Perón ya muerto, el famoso escritor Jorge Luis Borges, entrevistado por el gran periodista César Hildebrandt, dice del político argentino: “Un rufián muerto sigue siendo un rufián. Y un cobarde muerto no es un valiente. La muerte no beneficia tanto. Aunque yo en una milonga digo: no hay cosa como la muerte para mejorar la gente”.

Esta milonga la aprovechan gente impresentable como Mulder, Del Castillo, Velásquez Quesquén y otros. Los verdaderos apristas, los verdaderos hayistas, tienen ahora la oportunidad de mejorar el partido de Haya, que sigue haciendo historia.

Nadie se alegra de la muerte ni la festeja. Pero García no es un mártir. Es un escapista de primera línea. No es una anécdota. Tiene, como él mismo lo dijo, horas antes de jalar el gatillo, un espacio en la historia. Una historia que se deberá construir con verdades.

*Editor General de Perfil

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