Eloy Marchán

La cuarentena por la pandemia del coronavirus ha hecho que muchos peruanos saquen el Joker que tenían dentro. Uno de ellos es el abogado Carlos Wiesse, quien desde su balcón sanisidrino insultó a los policías y militares que hacían patrullaje en la zona. El “qué chucha me vas a cuidar, cholo de mierda. Yo me cuido solo. Cholos, son bien feítos” que soltó, según él en estado de ebriedad, quedará para la negra historia del racismo-clasismo del Perú.

A otros lo que se les escapó fue el Al Capone que tenían reprimido. Ese fue el caso de la presidenta de la Confiep María Isabel León y la carta que envió a la ministra de Trabajo Sylvia Cáceres proponiendo que los empresarios puedan hacer despidos masivos “de manera automática y sin autorización previa”. León, hay que admitirlo, fue más fina que “Pepe” Chlimper cuando dijo que “con sus armas” iba a detener una huelga de “malnacidos” trabajadores portuarios.

Un tercer grupo ha sacado a relucir el síndrome “Andy V” que padecen. Aquí el ejemplo es el alcalde de San Martín de Porres, Julio Chávez, quien no quiso desaprovechar la pandemia para tomarse fotos repartiendo víveres y llenando tinas de agua en 14 asentamientos humanos de su distrito. Chávez hizo todo eso teniendo al coronavirus incubándose en su organismo y llevando como “fiscalizadora” a su esposa, la congresista Leslye Lazo.

Las historias de Wiesse, León y Chávez ayudan a entender el porqué muchas lecciones de la antigua Atenas no pierden vigencia. Ese es el caso del koinón agathón, un vocablo que Aristóteles trabajó mucho y que en español significa “interés común” o “bien común”. ¿Y qué tiene que ver eso con el coronavirus? En sencillo: no venceremos a la pandemia si es que no pensamos en “comunidad” y en que existe “algo compartido” que los peruanos tenemos que defender.

Wiesse no pensó en el “bien común” cuando denigró el trabajo de los valientes policías y militares por hacer cumplir la ley. León hizo lo propio cuando priorizó las utilidades de sus socios empresarios frente a la estabilidad laboral de millones de personas. Y Chávez mostró su verdadero rostro cuando pensó que la pandemia era la oportunidad para hacerse “más popular” en su distrito. ¿Qué habrían hecho los antiguos atenienses con los tres? Expulsarlos de la ciudad por haber perdido su “humanidad”.

Aristóteles la tenía clara: el “bien común” solo se logra con buenos ciudadanos. Y para que una persona llegue a ese nivel debía hacer tres cosas: saber mandar cuando correspondía, saber obedecer cuando tocaba y buscar desarrollar virtudes. En la crisis por el coronavirus el presidente Martín Vizcarra y sus ministros han cometido muchos errores, pero las decisiones hoy son tomadas por ellos. Luego serán sometidos –como en la antigua Atenas– a la respectiva rendición de cuentas.

Los días que vienen serán muy duros para el país. Y los peruanos solo tenemos dos caminos: comportarnos como Aristóteles y los ilustrados atenienses o actuar como Carlos Wiesse, María Isabel León y Julio Chávez. Lo primero puede llevarnos a vencer pronto al coronavirus. Lo segundo: no sé a dónde.

*Periodista, trabajó en Hildebrant en sus Trece y Caretas.

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