Dra. María Luisa Bazán Guzmán

He quedado impactada y decepcionada al ver por mi casa a personal de salud, tocando puerta por puerta para verificar si las personas mayores de 50 años ya se vacunaron o cumplieron con su segunda dosis. La única explicación que he encontrado sobre ello, es que a esas personas (las que no se inmunizaron) no le costó nada la pandemia, ni la vida de sus seres queridos, amigos o conocidos, que se fueron con la soledad que ello implicó.

A esas personas mayores de 50 años que no se vacunaron no les costó, ver sufrir a toda una familia, al tener un enfermo en el hogar que la estaba pasando mal; no les costó tener que ir desesperadamente en búsqueda de medicinas que pudieran “salvar sus vidas” o protegerlas en caso se presente la enfermedad. No sintieron lo que en su momento fue buscar “una oportunidad” en una farmacia, en tiendas de productos veterinarios, por redes sociales, o por contactos en diferentes ciudades; recordemos cuánto significaba tener azitromicina, prednisona o la tan buscada ivermectina, dióxido de cloro, o lo que fuere. No les costó, a pesar de sus miedos, tener que hacer compras, transacciones en el banco u otro, vestidos con mucha protección y a pie a todos lados.

Lo más doloroso, no les costó tener que dejar de dar un abrazo o una caricia necesaria, a sus padres, hijos, esposo (a), hermanos, e incluso tener que dejarlos solos o aislados al confirmar que tenían el Covid19 o sospecha de este mal. Esas personas, no tuvieron que vivir la angustia que han sufrido miles de personas mientras esperaban que existiera la vacuna, llegara al Perú y que se las aplicaran a tiempo. Esa actitud de negarse a una vacuna, mientras muchos la reclaman, me indigna.

Por ello, espero que “este último llamado”, puerta por puerta (que distrae al Ministerio de Salud en la atención de otros problemas, que implica inversión de dinero y recursos del Estado, y sobre todo, que no deja de lastimar al personal de salud, que es el que tiene que exponerse mucho y diariamente a esta enfermedad); y, ante la advertencia de una tercera ola devastadora, logre que esas personas “a quienes se les tiene que buscar”, cumplan con el país y sobre todo con sus familias.

Ese dolor del que me he referido no deseo que lo sufran, pero más deseo… que no hagan sufrir a gente inocente. Por ello les pido: Acepten la vacuna, por lo menos por todos los que se fueron, y por ese dolor que pasaron miles de peruanos

Comunicadora Social y Docente de la Universidad Nacional de Trujillo

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