Luis Guillermo Hernández Camarero nació en Lima, el 18 de diciembre de 1941 y durante su vida escribió Orilla, Charlie Melnick, Las Constelaciones y Vox Horrízona. Hoy cumpliría 75 años y esta fecha es celebrada por su familia, amigos cercanos y una lamentable minoría que ha logrado conocerlo a través de su obra.

Este extraordinario poeta perteneció a la generación de poetas peruanos del 60 entre los que también se encontraban Javier Heraud, Rodolfo Hinostroza, Antonio Cisneros entre otros.

Después de sus primeros tres libros se negó a publicar más y lo que hacía era llenar cuadernos con poemas que regalaba a sus amigos, tiempo después Nicolás Yerovi al enterarse de esto, decidió reunir esos cuadernos para editarlos, lo que se transformaría en su libro más aclamado: Vox Horrízona.

Luis Hernández se suicidó en Buenos Aires un 03 de Octubre de 1977, presuntamente arrojándose las vías del tren.

Entre agosto y setiembre de 2008 apareció el libro La armonía de H. Vida y poesía de Luis Hernández Camarero del periodista Rafael Romero Tassara en el cual se sugiere que Luis Hernández realmente habría sufrido un accidente, refutando la muy extendida versión del suicidio y a su vez la idea de que pudiera haber muerto a manos de la milicia argentina

Soy Luchito Hernández…

Soy Luchito Hernández
Ex Campeón de peso welter
Poca gente me habla
Hasta oí a alguien
Preguntarme
¿De qué te defiendes?
Y yo hubiera respondido
Si no silencioso fuera:
Más bien te defiendo De mi luz. Una luz
Que reuní y me friega.

Geminis

Es extraña nuestra canción. Es demasiado triste y antiguo lo que cantamos. Nuestra canción no nos pertenece. Y si se nos oye en las noches, en las ferias, es porque no somos ajenos al cansancio y la gloria, porque la paz que encontramos alcanzará a cubrir por un día el deseo.

Hemos llamado en ayuda a la fatiga. Hemos subido los muros. Hemos dejado en casa al hermano, al mismo hermano que guarda -quizá sea que volvamos- el gastado cuaderno de sus labios.

Hemos ascendido los mares, uno a uno llegado. Y es que Nave, lo más Sur y vencido, nos guarda. Y tal vez este juego que inventamos, este juego en que ardemos confundidos, ha venido de sus manos a las nuestras.

Y en nuestro corazón, que jamás fue duro, es poniente ahora. Porque pese a que fuimos simples e inalcanzables, hemos sobrevivido al hermano. Lo hemos dejado, ciego y amargo, en sus viajes no emprendidos: sólo trazos de los dedos silenciosos sobre el mapa.

El bosque de los huesos

Mi país no es Grecia,
Y yo (23) no sé si deba admirar
Un pasado glorioso
Que tampoco es pasado.
Mi país es pequeño y no se extiende
Más allá del andar de un cartero en cuatro días,
Y a buen tren.

Quiza sea que ahora yo aborrezca
Lo que oteo en las tardes: mi país
Que es la plaza de toros, los museos,
Jardineros sumisos y las viejas:
Sibilinas amantes de los pobres,
Muy proclives a hablar de cardenales
(Solteros eternos que hay en Roma),
Y jaurías doradas de marocas.
Mi país es letreros de cine: gladiadores,
Las farmacias de turno y tonsurados,
Un vestirse los Sábados de fiesta
Y familias decentes, con un hijo naval.

Abatido entre Lima y La Herradura
(El rincón Hawai a diez kilómetros
De la eterna ciudad de los burdeles),
Un crepúsculo de rouge cobra banderas,
Baptisterios barrocos y carcochas.
Como al paso senil del bienamado, ahora llueve
Una fronda de estiércol y confeti:
Solitarios son los actos del poeta
Como aquellos del amor y de la muerte.

 

 

 

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