En convenio con el Banco Mundial, el Consejo Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación Tecnológica (Concytec) viene financiando con S/ 500 mil un proyecto de la Universidad Nacional de Trujillo para convertir microrganismos en fábricas de plásticos biodegradables, usando como materia prima residuos agroindustriales.

Los residuos agroindustriales que abundan en la región La Libertad son el alimento idóneo para que ciertas formas de vida los transformen por síntesis biológica en biopolímeros. Estos, luego sirven como materia prima para producir, con el apoyo de la ciencia y la tecnología, materiales plásticos 100% biodegradables, los cuales pueden industrializarse como envases para cubrir y proteger alimentos, es decir, volver a ser utilizados por las mismas agroprocesadoras, generando así un proceso de economía circular, con enormes beneficios medioambientales y sociales.

El equipo ha seleccionado nueve residuos agroindustriales, los más abundantes, que obtienen gracias al apoyo del CITE de Chavimochic: la peladilla del espárrago, las brácteas de la alcachofa, la semilla de la palta, la pepa del mango, el bagazo de la caña de azúcar, la melaza de caña de azúcar, el orujo de la uva, la cáscara del mango y la cascarilla del arroz.

La doctora Gabriela Barraza, quien lidera el proyecto, detalla que la investigación abarca tres etapas fundamentales: la primera comprende la identificación, caracterización y acondicionamiento de los residuos generados por la agroindustria. En la segunda etapa, se busca obtener tres biopolímeros: polihidroxialcanoatos, celulosa bacteriana y almidón.

La tercera etapa consiste en generar bionanofibras con propiedades mecánicas adecuadas para su industrialización, a partir de esos tres biopolímeros, o la mezcla de ellos, empleando la tecnología electrospinning / electrospray. El objetivo es que dichas bionanofibras tengan firmeza, flexibilidad, porosidad, permeabilidad, a fin de poder potenciar su uso industrial y aplicación en la industria alimentaria.

“El objetivo es poder transferir al CITE Chavimochic y a las industrias de la región una tecnología que contribuya con el sector agroindustrial y la economía circular”, precisa la investigadora.

Potenciales usos: envases plásticos biodegradables, envases activos y otras industrias

Los investigadores apuntan a usar las bionanofibras para producir empaques industriales, así como películas para recubrir y proteger alimentos frescos envasados, que presentarán componentes “que al contactar con el alimento recubierto pueden reaccionar haciendo que este tenga un mayor tiempo de vida”, señala Barraza. A estos productos se les conoce como “envases activos”.

“Algunos biomateriales capturan el oxígeno para que el alimento no se oxide. Estos pueden usarse para fabricar envases activos que protejan las manzanas peladas, por ejemplo, o también para preservar a los arándanos, evitando la proliferación de hongos poscosecha, y así descartar el uso de conservantes”, precisa

Por otro lado, el equipo de la UNT, conformado por microbiólogos, biotecnólogos, así como ingenieros en alimentos, ambientales, químicos y agroindustriales, considera que las bionanofibras pueden ser utilizadas en otros sectores, como la ingeniería biomédica a fin de fabricar implantes para la regeneración de tejidos y huesos, o también para elaborar cápsulas. Asimismo, para el tratamiento de efluentes de aguas residuales mediante la producción de filtros selectivos. Un mundo de posibilidades desde las formas más pequeñas de vida.

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