En un articulo publicado en la revista digital del Instituto Arqueológico de América, el arqueólogo peruano Gabriel Prieto teoriza que los antiguos pescadores Moche, exactamente de La Libertad, cazaban tiburones para demostrar liderazgo dentro de sus aldeas. La pesca del máximo depredador marino se realizaba mar adentro, en un contexto ritual que buscaba reafirmar la fuerza y la habilidad del pescador jefe. Quien era capaz de cazar los animales más grandes del mar, era el más apto para gobernar.

El reconocido arqueólogo basa esta afirmación en los descubrimientos que realizó junto a su equipo de especialistas en el sitio arqueológico de Pampa La Cruz, en el distrito trujillano de Huanchaco. En el verano de 2019, en este complejo se desenterró los esqueletos de una docena de peces de aguas profundas. Entre ellos nueve tiburones, dos peces luna, dos atunes de aleta amarilla, especies poco comunes en la costa peruana, así como dos ballenas Kogia, que son algunas de las ballenas dentadas más raras del mundo. Todos los animales fueron enterrados de manera ritual y fueron usados como ofrendas.

«Quizás hubo ofrendas de animales marinos en otras partes de América del Sur, pero aún no las hemos encontrado», confesó Gabriel Prieto a la revista científica.

Un esqueleto de un pez luna (arriba) y un atún amarillo (arriba) fueron desenterrados en Pampa la Cruz. Fotos: Gabriel Prieto.

Prieto, que en el 2010 empezó a excavar en el sitio Pampas de Gramalote, cree que los hombres de la cultura Moche, adsorbieron esta tradición milenaria de otros pueblos asentados en el litoral norteño y que vivían exclusivamente de la pesca. Gramalote es una zona que fue ocupada entre 1500 y 1200 a.c. y esta cerca a Pampa La Cruz. En este lugar desenterró 16 000 vértebras de tiburón, la caza de este peligroso parece haber sido una de las principales prácticas del hombre de Gramalote. Los restos de los tiburones fueron usado de manera simbólica por esta sociedad, sus dientes eran enterrados en algunos zonas de las viviendas, las vertebras pulidas y perforadas eran usadas en collares y tiburones enteros habían sido enterrados como ofrendas debajo de las viviendas de los principales de esta aldea. En los Moche habría perdurado las hazañas de estos hombres.

Ubicados nuevamente en Pampa La Cruz, aquí Prieto encontró los restos de un hombre de alto estatus, al que se denominó el «jefe de los pescadores» por los implementos con los que fue enterrado. El entierro contenía grandes anzuelos, que solo se habrían utilizado para cazar peces grandes como los tiburones, la tumba también contenía dos adoquines una vez envueltos en hilos de algodón que probablemente eran líneas de pesca y dos huesos planos que servían para reparar redes.

«Pero Prieto descubrió que casi no quedan restos de tiburones en Pampa la Cruz, donde las personas parecen haber consumido principalmente pescado y mariscos de tamaño pequeño a mediano. Llegó a la conclusión de que el jefe de pescadores probablemente tenía el derecho ceremonial o la responsabilidad ritual de atrapar tiburones, en lugar de la obligación de proporcionar carne de tiburón a la comunidad. Como analogía, Prieto señala a algunos grupos indígenas en la Amazonía cuyos jefes aún deben cazar jaguares, el principal depredador de ese ecosistema, para demostrar que están en condiciones de gobernar. Quizás, por razones de Prieto, la comunidad pesquera de Pampa la Cruz conservaba el recuerdo de que sus antepasados ​​en Gramalote habían sido valientes cazadores de tiburones, y buscaban líderes que pudieran cazar y matar al depredador más peligroso del océano», se lee en el articulo del Instituto Arqueológico de América.

«Prieto estaba convencido de que incluso cuando la gente de Pampa la Cruz cayó bajo la influencia del sistema de creencias Moche, la pesca en aguas profundas probablemente retuvo su importante papel simbólico. Estaba particularmente interesado en el hecho de que un motivo común en la cerámica Moche presenta a pescadores disfrazados extravagantemente que cazan grandes bestias marinas desde barcos de caña. Los animales a veces son identificables como tiburones u otros peces de aguas profundas, pero también se representan como quimeras, criaturas fantásticas que combinan características en combinaciones improbables y con frecuencia extrañas, como bestias con mandíbulas de tiburón y extremidades humanas. A menudo, los botes parecen estar vivos, y son retratados ayudando a los pescadores a cazar presas marinas. En estas representaciones, los botes de caña pilotados por los míticos pescadores se parecen a los utilizados en Huanchaco hoy«.

Prieto concluye que los Moche incorporaron el simbolismo de la caza en aguas profundas, arraigado en las culturas antecesoras, en su propia religión.

«Estaba claro para mí que los Moche tomaron esta tradición y la incluyeron como parte de su discurso religioso», dice Prieto. «Era una forma de legitimar la incorporación de los pueblos pesqueros en su territorio».

En épocas más recientes, los pescadores, después de una larga faena en el mar, ofrecían a Dios los peces más grandes en su captura. Harían esto como un acto de agradecimiento por la abundancia de la generosidad del océano. El eco de una tradición milenaria que pareciera estar aún vigente.

Uno de los nueve entierros de tiburones que han sido desenterrados en el antiguo sitio peruano de Pampa la Cruz. Foto: Gabriel Prieto.
La tumba de un hombre de alto estatus enterrado en el sitio de Pampa la Cruz contenía seis anzuelos de metal. Foto: Gabriel Prieto.

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